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HOCES DEL RIAZA: EL REFUGIO CUMPLE 33 AÑOS
El próximo 13 de enero se cumplen 33 años de la inauguración del Refugio de Rapaces de Montejo, y del Refugio limítrofe del embalse de Linares, administrados respectivamente por WWF/Adena y por la Confederación Hidrográfica del Duero, en las hoces del Riaza y su entorno (términos de Montejo y de Maderuelo). Otra parte de las hoces corresponde al término de Valdevacas. Y todo el paraje forma parte de una amplia zona natural del nordeste de Segovia, sur de Burgos y suroeste de Soria; que, como escribió Daniel Magnenat, “es completamente excepcional, de valor internacional”.
El último año, 2007, ha sido especialmente triste para el Refugio, en muchos aspectos. Y no me refiero sólo a los envenenamientos habidos en sus proximidades (uno de los cuales fue el más grave de su historia), ni a la reducción de sus poblaciones de rapaces, ni a lo desastrosa que resultó la temporada de cría (con los resultados más bajos de los quince últimos años, e incluso de los 33 últimos años en el caso del alimoche), ni a lo agresivas que han resultado algunas actuaciones realizadas en el Parque Natural, ni al fracaso casi total en los nidos de las peñas cuya parte superior es frecuentada por visitantes. Tampoco aludo únicamente al desprecio (que ha llegado a ser una auténtica burla) del que hemos sido objeto, por parte de ciertos cargos u organismos oficiales (no todos, desde luego) que deberían velar por la conservación, los naturalistas del Fondo, que llevamos mucho tiempo procurando estudiar y defender esas tierras; así como otras personas que se han atrevido a oponerse a ciertos planes de la actual dirección del Parque Natural, y a pesar del respaldo del Defensor del Pueblo a nuestra postura. El año también ha sido triste por otros motivos. Destaca la muerte, no por anunciada menos dolorosa, del extraordinario naturalista suizo Daniel Magnenat, el único ornitólogo (de más de un millar que han realizado estudios en el Refugio, y según la información que conocemos) que consiguió descubrir en esas tierras nidos de aves tan escasas o tan esquivas como la curruca tomillera, la alondra de Dupont, el pico menor, el escribano hortelano, el arrendajo, etcétera. Fue también el primero que localizó en el Refugio nidos ocupados de otras especies, desde el águila culebrera hasta el alcaudón real; y el único que registró allí aves tan raras en Castilla y León como la terrera marismeña o la garcilla cangrejera. Las magníficas fotografías que Daniel obtuvo siguen siendo, para la mayor parte de los vertebrados salvajes (e incluso para no pocos invertebrados), las mejores que hemos conocido en la comarca durante 33 años, a pesar de que en el Refugio han trabajado varios de los principales fotógrafos de naturaleza de diferentes países. Casi todos los años, ese hombre bueno, que había estudiado los animales salvajes en otros muchos lugares del mundo (llegó a observar 1.546 especies de aves, entre Europa, Asia, África y América), pasaba semanas enteras en aquellos páramos castellanos que tanto amaba, estudiando y defendiendo la fauna con paciencia y entrega sorprendentes, a pesar de las inclemencias del tiempo y de su mala salud. No recibía nada a cambio, realizó además donaciones económicas para el Refugio, y tuvo incluso la increíble generosidad de enviar copia de sus rigurosos informes (o de sus fotos en la zona) a todas aquellas personas o entidades que los pidieron. Algunas de sus fotos han sido portada de revistas especializadas nacionales o internacionales; y otros trabajos suyos han figurado en diferentes libros, monografías o congresos científicos. En Suiza, Daniel ha sido objeto de un reciente homenaje, de la sociedad ornitológica. Nosotros le hicimos otro en Montejo y en Aranda de Duero, aún en vida; y dedicamos en 2007 el último censo de otoño, así como la última Hoja Informativa sobre el Refugio (Nº 31, de 314 páginas), a Daniel Magnenat y a David Gómez. Además, les dedicamos a ambos, así como a los magníficos guardas de WWF/Adena en el Refugio (Jesús Hernando y su padre Hoticiano, actual guarda de Honor), las III Jornadas sobre Buitres, curso de verano de la UNED celebrado en Plasencia (Cáceres), con participación de varios de los principales expertos de distintos países; y cuyas conclusiones, aprobadas por unanimidad, han tenido amplia resonancia, lo que sin duda refleja la preocupación general que existe por estas aves. Por cierto, es justo agradecer el bonito gesto espontáneo que tuvo la Vicedecana de Ciencias Ambientales, enviando a los citados guardas unas cartas oficiales de agradecimiento por su larga y abnegada labor, que además resulta de especial importancia en la situación actual de los buitres. Destacamos asimismo la colaboración de la Asociación Cultural y del Ayuntamiento de Montejo, que cedieron amablemente sus instalaciones para el censo de otoño. En este sentido, el Refugio sigue pareciendo un filón inagotable, a pesar de todo el trabajo hecho allí; y reflejado ya en 43 congresos científicos (17 de ellos internacionales), 699 trabajos o informes naturalistas (sin contar los relativos a los censos, que son muchos más), cuatro tesis doctorales y distintos proyectos fin de carrera, docenas de miles de páginas de apuntes o de fotografías, 20 premios, 237 charlas o conferencias, 17 títulos o figuras de protección, 181 programas de televisión y 421 de radio, y 2.985 publicaciones de todo tipo (incluyendo varias de las principales revistas científicas o divulgativas del mundo, sobre estos temas). Y sigue teniendo una profunda influencia, como muestra todo el apoyo que hemos recibido, en nuestra lucha contra la proyectada “senda larga”, por parte de reconocidos ornitólogos (incluyendo todos los participantes en las mencionadas Jornadas sobre Buitres, y muchos otros) y de variadas asociaciones (desde el Fondo Amigos del Buitre en Aragón, hasta Ecologistas en Acción de Extremadura; desde la Coordinadora Ornitológica de Asturias, hasta la Federación Andaluza de Asociaciones para la Defensa de la Naturaleza; desde la Sociedad para la Conservación de los Vertebrados, hasta el Grupo Espliego de la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono; desde ÁNDALUS, hasta GREFA; y desde el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes, hasta el Grupo Europeo del Buitre Leonado, sin olvidar el grupo local AFFA; y bastantes más). El Refugio (y su entorno) no sólo alberga la mayor colonia de buitres que se conoce (y la más estudiada). También ha aglutinado a muchas personas que trabajan sinceramente por defender la naturaleza salvaje, que se enfrenta a graves amenazas (a veces, paradójicamente, en nombre de la conservación); pero que debe mantener su equilibrio, su fuerza, y su profunda belleza.
Dr. Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo Presidente del Fondo para el Refugio de las Hoces del Riaza
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