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Refugio de Rapaces de Montejo

Fondo para el Refugio de Rapaces de Montejo de Vega de la Serrezuela y zonas aledañas

Anuario Ornitológico de Burgos volumen IV

Jul 13, 2015

Anuario Ornitológico de Burgos volumen IV

  

PRÓLOGO

Es para mí un gran honor la invitación de prologar el volumen IV del ya entrañable Anuario Ornitológico de Burgos, a pesar de que he visitado poco la parte norte y otras zonas de la provincia. Fue precisamente en Burgos, en Miranda de Ebro, donde tuvimos el primer congreso español dedicado a los buitres, las “Jornadas ecológicas sobre las rapaces carroñeras”, organizadas por el antiguo GEDEB en 1984, que de algún modo creo fueron el germen de bastantes reuniones posteriores en España, o al menos influyeron bastante; desde el congreso también en Burgos en 1985, hasta las tres Jornadas sobre Buitres de la UNED, cursos de verano que celebramos en distintas zonas (Ávila en 2001, Barbastro [Huesca] en 2004, y Plasencia [Cáceres] en 2007, respectivamente).

 

En este sentido, debo destacar la amable ayuda de buenos amigos como Miguel Briones, que me ha enseñado, en diferentes años, bastantes parajes burgaleses de gran valor; Fernando Núñez y Fernando Román, que fueron magníficos guías en sendas excursiones otoñales del Fondo para el Refugio, a interesantes humedales de la provincia (con Víctor Salvador y otros anilladores) en 2010, y al valle de Arlanza (con Javier La Roca y Alfonso Antón) en 2011, respectivamente, lo que también permitió visitas posteriores; de Rubén Arrabal, que me mostró recientemente varios comederos de buitres y otros sitios de Burgos que no conocía, a donde queremos hacer una próxima visita del Fondo; del ya fallecido Fortunato Mínguez y su hijo Abelardo y demás familia, de Santa Cruz de la Salceda, que han estado al frente de la presa del embalse de Linares; y de otros muchos, cuya relación sería larga. Sin olvidar la generosa e importante colaboración, durante décadas, de buen número de naturalistas y lugareños de la comarca de Aranda de Duero; incluyendo al pastor Cándido Calleja y toda su familia en Fuentenebro, y a otros pastores del sur provincial (y también, de Segovia y de Soria); a Javier Vitores y Pablo Sanz, autores del reciente y espléndido librito “Aves en la Ribera del Duero Burgalesa” (A.D.R.I.); a Juan José Molina, que ha jugado un papel tan destacado en la historia del Refugio; a María Melero, que fue técnico conservadora de WWF en el Refugio, y su familia, en Milagros; a Ricardo Carbajal y todos los demás miembros del Grupo Naturalista AFFA (Amigos de la Fauna y Flora Autóctonas), que tanta actividad desplegó en diferentes etapas, y que creo sería bueno (¿y utópico?) pudiera resurgir; a los agentes forestales y celadores de la Junta de Castilla y León en Burgos, sobre todo en la zona sur, y al Centro de Recuperación de Animales Salvajes “Los Guindales”, que tantas veces han colaborado; a Jesús Moneo, autor de magníficos calendarios sobre la avifauna de la zona, a menudo vinculados a las labores de restauración en las graveras de Villalba de Duero; a Miguel Ángel Pinto, autor de interesantes libros sobre la fauna y flora de la comarca, o de la provincia; a José Rozas y Laureano Fuentespina, y sus familias, y otros amigos de Fuentelcésped; a Manuel Arandilla y todo su equipo, de la Biblioteca Pública Municipal de Aranda; a David Muñoz, de Villatuelda, que trabaja ahora en la Casa del Parque en Montejo; a José Alberto Fernández y familia y amigos, de Fresnillo de las Dueñas; a Fernando Frayssinet y familia, de Burgos capital; a José Liarte; a todos los que han apartado animales muertos al comedero de buitres; a los coordinadores o autores del atlas y de los anuarios ornitológicos de Burgos, del antiguo atlas de micromamíferos de la provincia, y de las guías de aves y otros vertebrados de Castilla y León; y a otros muchos que aparecen mencionados en las Hojas Informativas sobre el Refugio de Montejo, cuya relación sería muy larga, y a los que ruego me disculpen por no nombrarles aquí.

En la primavera de 2013 asistí, invitado por la Universidad de Burgos, a la investidura de Rodríguez de la Fuente, “in memoriam”, como Doctor Honoris Causa en Ciencias Naturales. Durante ocho años (1972-1980), traté bastante con Félix. Él sabía “leer” en el monte, interpretando los rastros de las criaturas salvajes. Se entusiasmaba como un niño, de una manera contagiosa que resulta inaudita en un adulto. Y era magistral dando conferencias, manteniendo durante horas la atención de los más diversos públicos (más todavía en directo, que en la televisión o la radio), como no he visto hacer a nadie más. Ahora, en 2015, se cumplen 35 años de su muerte en Alaska, el día de su cumpleaños, con tres personas más, en el blanco paraje que había considerado “tan hermoso para morir”. Desde los recuerdos más tempranos de mi infancia, me han fascinado profundamente los animales salvajes, en especial los anfibios y reptiles, y las aves rapaces; y sobre todo los buitres (las aves “con voto de hambre”, como se dice de ellos en el maravilloso documental español “Guadalquivir”). Ellos, los buitres, los vertebrados europeos que se reproducen más despacio, atraviesan ahora la peor situación mundial de la historia, realmente desastrosa en inmensos territorios de distintos continentes.

Como todo el mundo sabe, España es su principal baluarte en Europa. Además, aquí, junto al límite entre tres provincias (Segovia, Burgos y Soria), los buitres y la fauna tienen un Refugio especial, uno de los primeros espacios naturales protegidos en Castilla y León, y sin duda uno de los más estudiados y seguidos. Durante más de 40 años, este Refugio ha movido voluntades e ilusiones; y su historia increíble sigue siendo, a pesar de todas las dificultades, un motivo de esperanza. José Antonio Valverde fue, que sepamos, el primer naturalista que aludió a “las gargantas del Riaza”; de las que aparecen referencias, a propósito del vencejo real y del alimoche, en su memorable trabajo “Notas ornitológicas sobre Santo Domingo de Silos (Burgos)”, publicado en Munibe (1956, págs. 3-31). Unos años antes, en 1953, Valverde había escrito que toda aquella zona en torno al Duero (entre Segovia, Burgos y Soria), “con altos páramos cortados por gargantas, donde abundan ovejas”, “debe de ser la mejor región buitrera de España”.

Según relata en sus memorias, Valverde le enseñó Montejo, “con su gigantesca colonia de buitres”, a Félix Rodríguez de la Fuente, quien lo mantuvo en secreto durante más de veinte años. Después, en 1974, cuando quedó sorprendido ante el declive de la gran población, “la misteriosa y lejana ciudad de los buitres”, Félix propuso el proyecto del Refugio, tan extraordinario que él mismo dejó escrito “que en sus comienzos parecía quimérico”. Recuerdo el entusiasmo con que Félix nos decía entonces: “Y cuando hagamos la reserva de los buitres…”

Era algo utópico, casi sin precedentes en España. Me pareció tan hermoso, y tan importante, que quise saber si era eficaz. Le he entregado, desde entonces, casi toda mi vida. He censado sus nidos de rapaces, en cada peña o barranco, durante más de cuarenta años. Y he tenido la inmensa fortuna de contar con la amable colaboración, absolutamente desinteresada, de los excelentes guardas del Refugio (incluyendo a Hoticiano Hernando, ahora guarda de Honor, y su hijo Jesús, sin cuyo trabajo este proyecto no habría podido mantenerse), de no pocos pastores y otros habitantes de la zona, y de cientos de enamorados de estas tierras (de dentro y de fuera de la región), que las han estudiado y defendido hasta extremos sorprendentes; incluso con verdaderos sacrificios personales, que convendría reconocer como se merecen. Por cierto, el pasado año 2014, conté 295 pollos de buitre leonado que llegaron a volar, en las hoces del Riaza; y cinco más en una zona muy cercana (también junto al río Riaza) del sur de Burgos.

En 1974, cuando el Refugio segoviano se estaba gestando, me sorprendió el interés porque pudiera incluir de alguna forma un trocito de Burgos, y así recibiera el apoyo de entidades de ambas provincias. Por fortuna, las aves no entienden de fronteras artificiales, que bastantes humanos parecen considerar de una forma radical (no sólo entre provincias, también entre pueblos vecinos).

El Refugio no sólo ha inspirado otros espacios protegidos, trabajos y estudios en España; sino que su extraordinaria historia puede ayudarnos bastante a reflexionar sobre distintas cuestiones. Precisamente en estos días, Juan José Molina Pérez, junto con otras personas y entidades, está preparando una exposición sobre estos 40 años del Refugio.

El ya mencionado Dr. José Antonio Valverde destaca en sus memorias, a propósito de su etapa de formación científica en el extranjero: “Aquello (…) me enseñó sobre todo una cosa: el respeto por la conservación del trabajo de los predecesores, sólida base sobre la que se asienta el presente”. (Pág. 38 del Tomo IV. “La aventura de Doñana. Cómo crear una reserva.” ).

En una reciente conferencia (el 18-2-2015) en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, Ramón Grande del Brío dijo cosas sencillas y profundas, a propósito del estudio y la defensa de la naturaleza. Entre ellas, que las personas pueden tener una enorme importancia, mucho más que los medios técnicos o materiales con los que se cuente. Y que hay medidas sencillas y baratas que resultan enormemente eficaces; una idea destacada también por Roberto Hartasánchez Martínez (Presidente del FAPAS), con ejemplos concretos, en una conferencia anterior en el Museo (el 17-12-2014). A menudo, hablamos de entidades (públicas o privadas); pero lo que hay detrás, para bien o para mal, son determinadas personas.

Y del mismo modo que en la enseñanza los profesores son esenciales, en la defensa de la naturaleza lo son los guardas. Por otra parte, los trabajos sobre fauna no se hacen solos. Sus autores tienen nombres y apellidos. Nombrarlos claramente no sólo es de justicia, sino que también es importante (a menudo, mucho más de lo que puede parecer) para la propia conservación de esos parajes. En nuestro libro colectivo “La Leyenda de las Cárcavas”, el Dr. Xavier Batllori Aguilá, de la Universidad de Barcelona, escribe (pág. 195) algo que, al menos hasta donde yo sé, creo podría aplicarse también a los anuarios de Burgos: “Una de las mayores alabanzas que pueden verterse sobre todas las personas que aman al Refugio es la facilidad, transparencia y limpieza con la que ha circulado la información durante tantos años. (…) La información remitida siempre fue tratada con absoluta seriedad, especificando con claridad la fuente. La confianza que este rigor inspira es clave para explicar la fluidez con que se intercambia la información, bien distinta a la situación que se da en otros ámbitos, cuando algunos pretenden aprovecharse descaradamente del trabajo de los demás para su propio y exclusivo provecho.” Y es que cuando se habla de la vida salvaje, algunos (no todos, por fortuna) parecen perseguir fines bien distintos (incluso opuestos) de la protección legal y teórica que argumentan. Resulta paradójico que los propios cazadores digan, y creo que en ciertos casos con razón, que “la conservación de la naturaleza (…) parece haberse convertido en una farsa” (José Ignacio Ñudi; “Una conservación mal gestionada”; editorial de la revista “Trofeo”, marzo de 2005, pág. 3). Una farsa en la cual las normativas y requisitos legales, nacionales y autonómicos, a menudo se complican hasta la locura, alejándose del sentido común y de la claridad y sencillez que deberían tener. Se podrían poner muchos ejemplos, a cuál más disparatado. Y algo parecido puede decirse también de determinadas “modas” científicas, relativas a los animales salvajes.

Dos problemas distintos, aunque sin duda tienen que ver con lo anterior, son, por una parte, la disminución acelerada del pastoreo tradicional (en algunos pueblos que conozco, de Burgos o de Soria, se está llegando ya a la desaparición), y del sistema tradicional del campo, con todas sus consecuencias. Y por otro lado, la falta de interés actual, especialmente entre muchos jóvenes urbanos, por los animales salvajes y la defensa de su mundo; a pesar de lo fácil que resulta ahora el acceso a muchísima información; y con honrosas excepciones. Ya en marzo de 2000, la editorial de la revista “Quercus” (“La larga sombra de Félix”; N 169, pág. 5) decía: “A juzgar por nuestra propia experiencia, y digan lo que digan las encuestas, en los últimos veinte años se ha reducido el número de personas interesadas por la naturaleza”. El famoso George B. Schaller, en su libro “Un naturalista y otras bestias. Relatos de una vida salvaje”, escribe (pág. 21): “Hasta la retórica de la conservación ambiental ha cambiado. La naturaleza se ha convertido en “recursos naturales”, considerados con demasiada frecuencia sólo en términos económicos y tratados como un articulo de consumo que se compra, vende o desecha. El aprecio de la belleza, la sensación de asombro y la ética de responsabilizarse de otras especies y de la Tierra rara vez forman parte del discurso conservacionista actual.

No obstante, yo sigo convencido de que un llamamiento a la conservación ambiental debe incumbir al corazón, no sólo a la mente. (…) Sin valores morales, la conservación ambiental no se sustenta.” Pedro Torres, guarda del Parque del Foix (Barcelona), en su extraordinaria carta “Reflexiones sobre Montejo”, publicada íntegramente en la Prensa de cuatro provincias (Segovia, Burgos, Soria, y Guadalajara), así como en el libro “La leyenda de las cárcavas” y en las Hojas Informativas sobre el Refugio, y también en Naturalicante y otros medios de Internet, da un excelente consejo: “¿Cuándo aprenderán nuestros gobernantes que para conservar un espacio natural lo único que se necesita es eso mismo? Conservarlo tal y como está, protegerlo y dejar que la propia naturaleza actúe, y… muy importante, dejarse asesorar y ayudar por los que lo conocen y sobre todo lo aman, por encima de cualquier interés.” Estos Anuarios Ornitológicos de Burgos tienen una importancia y utilidad evidentes, como han reflejado acertadamente los autores de los prólogos de los tres números anteriores, por lo que no insistiré sobre ello. Quisiera dar todos los ánimos posibles para que continúen. Por otro lado, los tres prologuistas precedentes señalan la importancia de la conservación, y el panorama que se presenta en ese sentido. Jacinto Román remarca, en el Anuario I, que bastantes pérdidas son “el resultado de no saber valorar lo que tenemos”.

Pedro Arratíbel comenta, en el Anuario II, que “falta compromiso (…) con los pájaros y su conservación”. Y Carlos Palma reclama, en el Anuario III, “un esfuerzo de todos en esta materia”. Posiblemente una de las especies cuya evolución mejor refleja también lo sucedido con su hábitat, en la provincia de Burgos y sus inmediaciones, sea la alondra ricotí o de Dupont, entre otras aves esteparias. El año pasado publiqué un análisis comentado de toda la información que conozco sobre esta especie (para cada año, en la zona del Refugio y su entorno). Puede verse en la Hoja Informativa Nº 40 (páginas 2-33), disponible tanto impresa como en Internet (en www.naturalicante.com, con acceso libre y gratuito, gracias al trabajo desinteresado de Raúl González y otros), y a la que me remito. Aunque no sean los únicos hábitats amenazados, la situación de los altos páramos tan típicos de diferentes zonas burgalesas y próximas, y de una parte de su fauna más peculiar, ilustra la gravedad de muchos problemas actuales.

Debemos seguir esforzándonos para que los paisajes tan hermosos que todavía tenemos, y su vida silvestre, sigan existiendo; con toda su fuerza, su magia, y su profunda belleza.

El presente Anuario es, además de su valor científico, también un paso importante en esa dirección.

Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo