|
Aniversario de Félix Rodríguez de la Fuente
El pasado jueves 14 de marzo del 2013, se cumplieron 33 años de la muerte y 85 años del nacimiento de Félix Rodríguez de la Fuente. Tuve noticias de él en 1967, pues leía sus apasionantes artículos semanales en “Blanco y Negro”. Lo conocí en persona el 12 de marzo de 1972, con motivo de mi charla contra la desecación de las Tablas de Daimiel, ante cientos de personas, en la Asamblea General de ADENA Juvenil, de cuyo Comité Rector fui miembro. Desde entonces, y hasta el año 1980 en que murió, traté bastante con Félix. Hacia 1973, cuando estábamos intentando conseguir un comedero de buitres en La Pedriza, el Presidente de la Comisión de Defensa de la Montaña (CDM), de la Federación de Montañismo, me dijo: “Tú que conoces a Rodríguez de la Fuente, ¿podrías pedirle que, en un programa de televisión, hiciera alusión a nuestro proyecto?” A raíz de eso, abordé un día a Félix así: “¿Usted no podría, en uno de sus programas…?” Félix se dio cuenta al momento de lo que iba a pedirle, y respondió sin dejarme terminar la pregunta: “Sí, hombre. ¡No faltaba más! Un programa entero, dedicado a los buitres.” (Textual). Y cumplió su palabra, pues dedicó al tema un programa completo de “Planeta Azul”, en el que también mencionó la carta que le había remitido el Presidente de la CDM. En otro programa, también de “Planeta Azul” si no recuerdo mal, Félix hizo un llamamiento tan vehemente, contra el uso del veneno en el monte, que el profesor de Física me dijo, en clase: “¿Viste, ayer, a Rodríguez de la Fuente en televisión? ¡Cómo se puso! No es para menos.”
Un día, Félix Rodríguez de la Fuente me llamó porque cierto destacado científico, que además era miembro entonces de la Junta Rectora de ADENA, había hecho unas increíbles declaraciones apoyando de alguna forma los envenenamientos. Fui a ver a Félix, quien me pidió que interviniese, en la Asamblea General que iba a celebrarse esa misma tarde, protestando por ello, para que él, que era el Vicepresidente de la Asociación, replicase en el mismo sentido; cosa que hicimos, pues naturalmente estaba de acuerdo. En 1974, Rodríguez de la Fuente presentó en ADENA un proyecto diferente de todos los anteriores. Ya había estado con Félix en el campo; había asistido en directo a algunas de sus magníficas charlas, sobre diversos temas (como la Operación Halcón, el asunto del lobo, los bosques autóctonos [ésta, en las sierras de Ávila, el 17-3-74], y otros), y ante variados públicos (desde los periodistas en diferentes ruedas de Prensa, hasta mis compañeros de estudios); y hablábamos con cierta frecuencia por teléfono. Pero ese año comenzó algo totalmente nuevo. Al principio era un secreto. De hecho, Félix había mantenido en secreto, durante más de veinticinco años, ese lugar increíble. Aquella primavera, con la emoción que él sabía transmitir, Félix nos dijo: “Y cuando hagamos la reserva de los buitres…” Más de treinta años después, en 2006, esta frase fue el título del emotivo libro colectivo que me regalaron por sorpresa muchos amigos, al terminar el homenaje que hicimos al extraordinario ornitólogo suizo Daniel Magnenat, después de nuestro censo colectivo de otoño.
El propio Félix reconoció en una carta que aquel proyecto, el Refugio de Rapaces de Montejo, “en sus comienzos parecía quimérico”. Incluso Francisco Ortiz de la Torre, entonces Secretario General de ADENA, llegó a publicar que “parecía irrealizable”. Sin embargo, mantener el Refugio, durante más de 38 años, resultó todavía mucho más difícil. En una entrevista publicada en “El Adelantado de Segovia” el 11 de junio de 1974, Félix Rodríguez de la Fuente señaló: “Yo estoy totalmente convencido de que la importancia de la comunidad zoológica que alberga este Refugio es tan grande que en muy poco tiempo éste será un Refugio conocido internacionalmente.” / “Dentro de muy poco será una realidad que nos va a enorgullecer (…) a todos los españoles.” En los campamentos de ADENA en el Refugio, que llevaron su nombre, entre 1975 y 1977, participé como observador. Félix nos daba charlas memorables; también nos hacía correr (él corría mucho), y hacer gimnasia allí. Además, conocí al guarda Hoticiano Hernando Iglesias, persona extraordinaria a quien Televisión Española ha dedicado, además de alguna entrevista en el Telediario, para toda España, su maravilloso documental “El guardián de Montejo”, emitido cuatro veces, donde él alude asimismo a su relación con Rodríguez de la Fuente. En una de las fotos relativas a la inauguración del Refugio (el 13 de enero de 1975), aparece junto a Félix, dando la mano al entonces Príncipe y actual Rey de España, un niño que es Jesús Hernando, hijo de Hoticiano y magnífico guarda actual de WWF España en el Refugio. Félix sabía “leer” en el monte, interpretando los rastros de los animales salvajes; y se entusiasmaba como un niño, de una forma que resulta inaudita en un adulto. Sus conferencias eran magistrales; mantenía a todo el mundo pendiente de sus palabras, incluso durante largo tiempo; y más todavía en directo, que en la “tele” o en la radio.
Un periodista escribió que el secreto de su éxito es que creía en lo que hacía y en lo que decía. Recuerdo diferentes historias que me hacen pensar que, en efecto, su entusiasmo era auténtico. Por ejemplo, la anécdota del 23 de agosto de 1975, en los páramos del Refugio de Rapaces, cuando apareció en el cielo, entre los buitres, un punto que Félix identificó antes que nadie como el águila perdicera. Se disponía a atacar una presa. Un muchacho le pidió los prismáticos, y Rodríguez de la Fuente respondió espontáneamente: “¡No, no! Lo siento, pero no te los dejo. ¡Esto no me lo pierdo!” (A pesar de que su equipo había pasado meses filmando esas águilas allí). Conservo la carta que Félix me escribió el 20-2-1976, felicitándome por el Primer Premio Faraday, concedido a mi trabajo de 1975 sobre los censos realizados en el Refugio. Félix asistió tres días después a la entrega de premios, en el salón de actos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; mencionada en la Prensa nacional, y también en la revista nº 12 y en la VII Asamblea General de ADENA, así como en la revista de la Universidad Autónoma de Madrid. El 16 de agosto de 1976, Hoticiano fue filmado, en el comedero de buitres de Montejo, para el programa “El buitre leonado”, de “El Hombre y la Tierra”, dedicado en gran parte al Refugio de Rapaces (al igual que parte de otros programas de la misma serie), donde estuvieron filmando durante tres años, y que fue emitido seis veces en Televisión Española. El 9 de mayo de 1977, Félix dedicó uno de sus programas en Radio Nacional de España, de “La Aventura de la Vida”, de una hora de duración, a una entrevista con Hoticiano y conmigo, emitida el 26 de mayo, en la que también hablamos del comedero de buitres, y de los censos efectuados y otros muchos temas del Refugio. Félix añadió, refiriéndose a este proyecto: “Pude mover voluntades que verdaderamente son dignas de agradecer y de tener en cuenta”. Mencionamos desde distintos lugareños, citando sus nombres, hasta entidades como el grupo de empresas Pascual, que tanto colaboró. Félix insistió en que había que dar las gracias a todas las personas que transformaron aquella idea tan bonita (la del Refugio) “en una auténtica realidad”; dijo que aquello era “verdaderamente hermoso”; e hizo interesantes preguntas a Hoticiano, quien reconoció que se sentía feliz allí, con su trabajo como guarda. Más de veinte años después, el 18 de febrero de 2000, algunos fragmentos de aquel programa fueron reproducidos de nuevo, en Radio 5, para toda España; junto a una nueva entrevista con Hoticiano y conmigo, y también con el guarda Juan Francisco Martín Calleja, del Refugio limítrofe del embalse de Linares (de la Confederación Hidrográfica del Duero), grabada allí el 3-2-2000 por Ignacio Aguinaga Martínez. En la V Asamblea General de ADENA, celebrada el 16 de junio de 1975, en el salón de actos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Félix llegó a decirnos algo así: “Ya verán ustedes los problemas que nos va a dar Montejo. Lo mismo que ahora Doñana nos trae quebraderos de cabeza, luego nos los traerá Montejo.” Y la historia del Refugio le dio la razón. En el invierno de 1977-78, comenzó en torno al Refugio un problema prolongado y grave, el segundo de los cinco que habrían podido acabar con él. Sería largo, y realmente muy triste, de contar. Los detalles no han sido publicados nunca. Contra todo pronóstico, finalmente conseguimos resolverlo; y en ello tuvo un papel importante Rodríguez de la Fuente, quien me aseguró que se mantendría el Refugio “aunque tenga que pagarlo yo de mi bolsillo” (textual); y en cierto modo, acabó cumpliendo su promesa. Poco después, el 23 de noviembre de 1978, ya con aquel problema resuelto, ICAB dio un premio de 200.000 pts. (de entonces) al Refugio de Montejo, en el transcurso de una cena donde compartí mesa con Félix, con Francisco Ortiz de la Torre (entonces Secretario General de ADENA), y con Eduardo Trigo de Yarto (entonces presidente de la Federación Española de Caza). De hecho, aquel cheque me lo dieron en público simbólicamente a mí, para que lo llevara a ADENA al día siguiente (lo que hice, claro); pues creo consideraron que era quien más había trabajado por el Refugio, después de Hoticiano. En aquel acto público, Félix me pidió, para su intervención, unos datos sobre los censos y los trabajos en el Refugio; le escribí tantos números que no pudo memorizarlos, por lo que dijo: “Ésta es la primera vez en mi vida, que voy a leer un papel en una charla”. El mes siguiente, en una entrevista publicada en el diario “Ya” el 17-12-1978, Félix habló de mis estudios sobre las aves rapaces, de su añorado Refugio de Montejo. El Refugio no habría podido mantenerse sin el trabajo eficaz, sufrido, callado y constante del excelente guarda Hoticiano, querido por todos los que amamos Montejo, y que tantos elogios bien merecidos recibió. Hoticiano no libró ni tuvo vacaciones nunca; vigilaba de Sol a Sol, y también lo encontraba patrullando de noche (aunque lloviera a cántaros); conocía profundamente sus tierras y su fauna; y acabó con los furtivos de su pueblo sin poner una sola denuncia, con su palabra y, sobre todo, con el ejemplo de su propia vida. En una de sus cartas, Hoticiano llegó a decirme que era feliz, y que se sentía “plenamente útil”, como guarda del Refugio.
El 28 de diciembre de 1979, Hoticiano fue despedido, de forma injusta y cruel, alegando dificultades económicas para pagarle las 20.000 pts. mensuales (el salario mínimo) que recibía. No se lo dijeron ni a Félix (que estaba filmando en Canadá), ni a mí (que hacía la “mili” en Canarias). Una hija de Hoticiano me contó que, el día en que lo despidieron, su padre pasó la tarde llorando. Recuerdo que yo también lloré, en el cuartel, cuando leí la carta que me envió Hoticiano, comunicándomelo; y todavía sigo preguntándome cómo fueron capaces de hacer semejante barbaridad, unas personas que se supone cobraban (y bastante más que Hoticiano, por cierto), algunas para defender la vida salvaje (actualmente, ninguna de ellas sigue allí). No se lo dijeron ni a los propios empleados de sus oficinas, quienes se enteraron porque se lo dije yo; y se jugaron su empleo con una sentida carta de apoyo a Hoticiano firmada por todos, de la que me dieron copia y la conservo. Tampoco lo comunicaron a sus propios socios, y 1980 fue el primer año en que no celebraron la Asamblea General (obligatoria según los Estatutos, art. 25), que se les habría echado encima como pasó en la del año siguiente. Félix Rodríguez de la Fuente lo supo por nosotros. La última vez que hablé con él (por teléfono, el 11 de enero de 1980), Félix, que era el Vicepresidente (y cofundador) de ADENA, me pidió que escribiera una carta a la Junta Rectora, protestando por esa terrible decisión. Aquella carta fue el comienzo de una guerra larga y cruel, donde hubo tantas protestas (por el despido de Hoticiano) que las contestaban con un modelo, y en la que surgió el Fondo para el Refugio. Félix era la única persona influyente que nos apoyaba. Murió cuando estábamos en plena contienda, el día de su cumpleaños, con tres personas más, en el blanco lugar que había considerado “tan hermoso para morir”. Carlos Llandrés Domínguez me escribió: “Poco antes de partir Félix a Alaska tuve una larga conversación telefónica con él y tratamos este tema (Refugio).” “Le pareció muy bien todo lo que hagamos en este sentido y me dijo que le mantuviera informado, aunque él personalmente no pudiera hacer mucho pues se marchaba a Alaska.” Carlos Llandrés me informaba también de las actuaciones que Rodríguez de la Fuente pensaba dirigir, a su regreso, para resolver el problema; y añadía: “Todo esto y los grandes proyectos de conservación de aves de presa que habíamos planeado se han ido con él…” En particular, el Refugio de Rapaces parecía perdido. Pero no nos rendimos. Llegamos a pagar a Hoticiano durante meses, de nuestro bolsillo, aunque éramos muy jóvenes y apenas teníamos ingresos, para que el Refugio no quedara sin vigilancia. Por cierto, los representantes de todos los grupos juveniles de ADENA en España, reunidos en Guadalajara, firmaron un escrito presentado por los de Valladolid y Barcelona, pidiendo la readmisión de Hoticiano como guarda. Los de Murcia acordaron también dimitir en masa. Denunciamos el caso al WWF internacional (Fondo Mundial para la Vida Salvaje), a la Prensa nacional (que se hizo eco del mismo), y al Consejo Internacional para la Conservación de las Aves (ICBP). Damián Arguch Sánchez me escribió: “Sé cómo debes sentirte, pero creo que aún no se ha perdido todo, el fin del Refugio no ocurrirá así como así mientras quede gente enamorada de él.” Por increíble que parezca, tuvo razón. “Esos jovencitos idealistas”, como alguien nos llamó, batallamos sin tregua, de todas las formas lícitas de las que fuimos capaces, contra aquella actuación de unos directivos que parecía imposible cambiaran de postura; que durante largos meses no sólo no nos apoyaron, sino que se mostraron más que irritados por nuestra lucha, hasta extremos sorprendentes; que nunca admitieron en público su “grave error” (así lo reconoció alguno en un escrito interno); y que finalmente tuvieron que readmitir a Hoticiano como guarda del Refugio, en noviembre de 1980, y después ellos mismos le hicieron otro homenaje. El 14 de marzo de 1996, con motivo del aniversario de Félix, “El Adelantado de Segovia” publicó un artículo de Florentino Descalzo titulado “El Refugio de Rapaces de Montejo, permanente homenaje a Félix Rodríguez de la Fuente”. En este artículo también se recogían, entre otras cosas, testimonios acerca de las actividades de Rodríguez de la Fuente en la zona, transmitidos por personas como el guarda Hoticiano, o como el ya fallecido Patricio García Antón (que fue alcalde de Montejo). El 13 de noviembre de 2010, coincidiendo con nuestro 28 censo colectivo de otoño, el sacerdote Dr. Pedro Rodríguez Panizo, profesor de la Universidad Pontificia Comillas, que conoce el Refugio desde sus comienzos, celebró en Montejo una Misa (por cierto, con una Homilía bellísima) por el eterno descanso de Daniel Magnenat y de las restantes personas fallecidas que dedicaron generosamente al Refugio buena parte de sus vidas. Entre todos ellos, que fueron mencionados repetidas veces, figuraban diferentes vecinos de los pueblos, así como esforzados naturalistas “montejanos” que murieron; y también, José Antonio Valverde y Rodríguez de la Fuente, pioneros del estudio y la protección de estas tierras. El 1 de marzo de 2013 asistí, invitado por la Universidad de Burgos, a la investidura in memoriam de Félix Rodríguez de la Fuente, como Doctor Honoris Causa en Ciencias Naturales. Fue un acto bien bonito. Lo comenté con Hoticiano, que tiene ahora 89 años y es guarda de Honor, y me dijo: “Yo también me alegro mucho [de que le hagan ese homenaje a Félix], porque era una buena persona.” Se ha escrito bastantes veces, durante difíciles conflictos que hubo en torno a esos parajes, que si Félix aún viviera, tal vez a él le respetasen más; quizás algunas personas o entidades no se habrían atrevido a poner en peligro de nuevo, y más de una vez, la propia supervivencia del Refugio y su entorno, o de su espíritu indómito y salvaje. En ocasiones, paradójicamente, en nombre de la conservación; y despreciando la ilusión, el trabajo tenaz, el conocimiento y la pasión de muchas personas que siguen haciendo posible conservar ese santuario de vida silvestre, “la misteriosa y lejana ciudad de los buitres”, donde Félix encontró “un pedazo de felicidad”.
Dr. Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo Presidente del Fondo para el Refugio de las Hoces del Riaza
|
|||||
|
(D. 4.380. 13-1-1975). Félix Rodríguez de la Fuente y otras personas, el día de la inauguración del Refugio (13-1-1975). El entonces Príncipe de España, y actual Rey, aparece dando la mano a Jesús Hernando Iglesias, hijo del guarda Hoticiano y actualmente guarda de WWF en el Refugio. |
|||||
|
(D. 7.102. Ap. 1975). Félix Rodríguez de la Fuente, con el ya también fallecido Tomás Pascual y otras personas, en la inauguración del comedero de buitres del Refugio. Foto: © Barahona |
|||||
|
Asamblea General de ADENA Juvenil, 12-3-1972. De derecha a izquierda (según se ve la foto), aparecen Emilio José Sanz Álvarez, Jesús Benítez Benítez, Félix Rodríguez de la Fuente (Vicepresidente de ADENA y Director de ADENA Juvenil), tres personas cuyo nombre no recuerdo, Gustavo Barbat Gili (Secretario General de ADENA), y Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo (dando una charla sobre la situación de las Tablas de Daimiel). Foto: © Manuel Martín |
|||||
|
En agosto de 1976, en el Refugio de Rapaces, Félix Rodríguez de la Fuente y los guardas de ADENA (Hoticiano Hernando Iglesias, con la placa, y Francisco Javier Simón del Cura, ambos al fondo), con miembros del campamento de ADENA. Varios de los jóvenes que aparecen son hoy naturalistas reconocidos. En primer término, hacia la izquierda, puede verse a Xavier Batllori Aguilá, que comenta esta foto en su capítulo “Peñas, plumas y amistad”, publicado en nuestro libro colectivo “La Leyenda de las Cárcavas” (págs. 187-201; ed. José Luis Nava Rueda; Universa Terra Ediciones, Salamanca, 252 pp.). También puede verse a Antonio Ruiz Heredia, Jefe del campamento; Mª Victoria Esteban Bonet y Leocricia Preboste Senosiaín, monitoras; y Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo, observador. Foto: © Ana Martín Moreno |
|||||
|
Hoticiano Hernando Iglesias, en el homenaje a los guardas del Refugio, el 30 de noviembre de 2004. Foto: © Juan Carlos Rincón García |





