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Refugio de Rapaces de Montejo

Fondo para el Refugio de Rapaces de Montejo de Vega de la Serrezuela y zonas aledañas

ALUSIONES A UNA HISTORIA ANTIGUA (por Fidel José Fernández y Fernández-Arroyo)

Abr 7, 2011

Supongo que no pocos habréis visto el maravilloso documental “El guardián de Montejo”, realizado por iniciativa del equipo de espacios naturales que tenía Televisión Española, y emitido cuatro veces para toda España, en los últimos años. El programa es un merecido homenaje al guarda Hoticiano Hernando, padre del actual guarda Jesús (“Susi”), que realiza asimismo una labor esencial. Hoticiano, que tiene ya 88 años, fue nombrado (por Adena, a propuesta nuestra) Guarda de Honor del Refugio de Montejo cuando se jubiló; ha recibido varios homenajes (no menos de unos cinco o seis, si no recuerdo mal), y su nombre (y el de su hijo) están unidos al de esas tierras.

 

    Esta semana, un amigo me pidió algunos detalles sobre una historia que sucedió hace más de treinta años, pero que tuvo muchas repercusiones posteriores. Le contesté con un par de correos que copio a continuación como posdata, algo resumidos. Aunque muchas de las personas que intervinieron ya no ocupan los cargos que tenían (de hecho, varios ya han muerto), y bastantes cosas han cambiado desde entonces en España (y también en Adena), se me ha ocurrido que quizás a alguno le puedan resultar de interés estos recuerdos.

    La «guerra» por la readmisión de Hoticiano fue, para mí, mucho peor que el conflicto actual con la dirección del Parque. Aquello (lo de Hoticiano) sí que fue realmente David contra Goliat.

  Hoticiano fue readmitido únicamente por la rebelión que organizamos, que nadie podía imaginar llegara tan lejos ni menos aún que pudiéramos aguantar durante tanto tiempo. No fue readmitido por «el desastre causado por personas contra nidos y especies«; está bien claro que ese desastre les daba igual.

  Tienes un relato sobre lo de Hoticiano en mi capítulo del libro colectivo «Uñas de cristal», la obra póstuma de David Gómez y 90 colaboradores. Este mismo capítulo está incluido, con los permisos correspondientes, en nuestro libro colectivo «La Leyenda de las Cárcavas», que estás leyendo.

  También tienes bastantes cosas sobre Hoticiano en la Hoja Informativa Nº 18, dedicada en gran parte a él.

  Hoticiano me dijo una vez, después de su readmisión: «Yo sé que si estoy aquí vigilando es gracias a ti, y no lo olvido.» Le respondí que no soy sólo yo, que hay mucha más gente.

   El pretexto que dieron para despedir a Hoticiano es que no había dinero para pagarle el salario (el mínimo legal) que cobraba (20.000 pts. al mes). Estoy convencido de que esto es falso, pues a la vez contrataron en las oficinas a dos personas que cobraban más; y en dietas u otras cuestiones superfluas se podían gastar en un día bastante más de lo que cobraba Hoticiano en un mes; sé de lo que estoy hablando, entre otros motivos porque todos los empleados de las oficinas de Adena (excepto el que comunicó su despido a Hoticiano), empleados que por cierto se enteraron del despido de Hoticiano porque se lo dije yo, y le enviaron a Hoticiano una carta unánime (firmada por todos ellos) apoyándole (con copia para mí, que conservo), estaban de nuestro lado; y algunas de las secretarias de Adena (que no tienen nada que ver con la entonces Secretaria General, con varias actuaciones de triste recuerdo) nos pasaban información sobre gastos u otras cuestiones. A Hoticiano le comunicaron su despido el día de los inocentes de 1979, además casi engañándole o poco menos (le hicieron ver que habían despedido a otras dos personas también, cuando esas dos personas se habían ido en los meses anteriores de las oficinas porque habían querido, y no le dijeron nada de las dos nuevas contrataciones); y tampoco le dieron la indemnización que marcaba la ley y a la que tenía derecho (se la dieron cuando empezamos la «guerra», muestra bien evidente de que no tenían intención ninguna de readmitirlo, como ya sabíamos por otras fuentes). Me dijo una hija de Hoticiano que aquel día, el día en que le comunicaron su despido, Hoticiano fue a su casa y pasó toda la tarde llorando. Recuerdo que yo también lloré, en el cuartel donde estaba haciendo la «mili» en Canarias, cuando recibí la carta que Hoticiano me mandó, diciéndome que le habían despedido; y me pregunté que cómo habían podido hacer eso.

    He pensado mucho sobre la cuestión que planteas, por qué despidieron a Hoticiano, un hombre bueno al que quería todo el mundo, que no protestaba, que trabajaba de sol a sol sin librar ni los domingos, que no había tenido vacaciones nunca, y cuya eficacia como guarda era asombrosa; de él sólo había habido elogios, de palabra y escritos; de hecho, es una de las pocas personas de las que nunca he oído hablar mal a nadie (cosa muy rara en los pueblos).

     La única explicación que he encontrado, es que la defensa de la naturaleza no les importaba en absoluto, a ciertos directivos de Adena (a casi todos los que había entonces, salvando a Rodríguez de la Fuente que estaba en Canadá y al que no le dijeron nada -se enteró por nosotros-). No es que no tuvieran 20.000 pesetas al mes para pagar al guarda, que vigilaba los nidos de los buitres aunque estuviera lloviendo a cántaros (he sido testigo); es que eso no les interesaba, ni salía publicado en los medios, y preferían dedicar el dinero a otras cosas. Además, como Hoticiano nunca se quejaba (no les pedía ni uniforme nuevo para no hacerles gastar dinero, ni reclamaba los pequeños gastos que le hacían pagar en llamadas y en otros asuntos), creo que debieron pensar que no protestaría y que aquello pasaría inadvertido (a mí tampoco me lo dijeron, me enteré por la carta de Hoticiano). Esos señores (los directivos de Adena que despidieron a Hoticiano) ni imaginaban el respaldo que tenía aquel hombre, entre defensores de la naturaleza de toda España. En un escrito «confidencial» y de «uso restringido» que escribió años después cierta persona relacionada con esos directivos, escrito del que por cierto recibí copia por dos conductos distintos (otra cosa que creo nunca imaginaron, es la cantidad de «espías» que teníamos entre sus propias filas, pues lo que hicieron había sido tan escandaloso que perdieron bastante respaldo), esa persona llegó a escribir que el despido de Hoticiano, «a mi juicio, un grave error«, «provocó una auténtica repulsa de socios y amigos«; reconocía que por eso surgió el Fondo para el Refugio, y añadía que «este Fondo ha permanecido«.

  José López de Haro escribió en 1980: «Lo que aún no acierto a comprender, es cómo los dirigentes de Adena, haciendo gala de una absoluta y total miopía, han dado lugar a que media asociación (por no decir la totalidad) se les eche encima, por un hecho que ellos mismos han provocado, y que es tan reprochable e inadmisible, que hasta los socios más pasivos y desinteresados han puesto el grito en el cielo al conocerlo».  «Montejo es realidad y los que conocemos Montejo lo sabemos

   ¿Por qué nos costó tantísimo que readmitieran al guarda? Creo que por una razón política, de cabezonería; porque no eran capaces de rectificar, de reconocer en público que se habían equivocado. Después de largos meses de una lucha brutal, cuyos detalles darían casi (o sin «casi») para escribir una novela, al final tuvieron que readmitir a Hoticiano porque ya no tenían más remedio, porque  la asociación se resquebrajaba (aquello no fue una separación, como Adenex en Extremadura o Depana en Cataluña o el Gob en Baleares; aquello fue una sublevación, una rebelión, la mayor que haya sufrido Adena; no creo que tengan ahora, a pesar del tiempo transcurrido, ni la mitad de los socios de los 50.000 que tenían cuando despidieron a Hoticiano).

  Por cierto, aquel año 1980 fue el único en que Adena no celebró su asamblea general, que debe ser anual según los estatutos; y en la que los socios se les habrían echado encima a sus dirigentes, como de hecho ocurrió en la asamblea de 1981 (en la cual, todo lo que yo propuse fue aprobado por aclamación, aunque después no lo cumplieran).

  Es paradójico que los mismos que habían despedido a Hoticiano le hicieran, después de su readmisión, un homenaje, y escribieran en la revista de Adena que todos le apreciaban y le tenían gran cariño por su importante labor.

  Cuando volváis a Montejo, si queréis podéis firmar en el libro de firmas que le regalamos a Hoticiano, como sabes. Cientos de personas le han escrito dedicatorias, bien bonitas y algunas bellísimas.

  Ya me dirás algún comentario. Puedes enseñarle este correo a quien quieras, y en particular a tu mujer. Un fuerte abrazo.

   Fidel José.

P.D.-   Hoticiano me escribió en 1980, después de su despido: «Yo, mi trabajo en el Refugio lo hacía no solamente por ese sueldo, para poder sacar a mi familia adelante, sino también porque yo era feliz con ese trabajo, y me sentía plenamente útil en él.«

  En un programa de Radio Nacional, para toda España, de una hora de duración, dedicado íntegramente al Refugio de Montejo, en mayo de 1977, Félix Rodríguez de la Fuente entrevistó a Hoticiano y a mí. Recuerdo que Félix le preguntó a Hoticiano: «¿Se siente usted feliz, Hoticiano, en el Refugio?»   Y Hoticiano respondió: «Sí, sí, sí, sí.  Me siento feliz, sí, porque voy con buena fe y con buena…«

  El despido de Hoticiano motivó tantas cartas pidiendo su readmisión, que en las oficinas de Adena hicieron una carta modelo para contestarlas (excepto la primera, que fue la mía, que escribí porque Rodríguez de la Fuente me pidió que lo hiciera, y que fue la única contestada directamente por el entonces presidente de Adena, duque de Calabria y primo del Rey).

  Como sabes, llegamos a pagarle a Hoticiano su sueldo durante meses, de nuestro propio bolsillo, a pesar de que intentaron impedirlo, para que el Refugio no quedara sin vigilancia; creo que aquello salvó, al menos en parte, la temporada de cría de 1980. Pusimos coordinadores en once provincias, etc.

   En una reunión mantenida en Guadalajara, todos los representantes de  los grupos juveniles de Adena, que entonces eran muchos, firmaron una carta redactada por los de Barcelona, pidiendo la readmisión de Hoticiano; y los temas previstos fueron suspendidos o aplazados para tratar el asunto del despido de Hoticiano.

   En Murcia, entonces posiblemente una de las regiones con más grupos locales de Adena, tuvieron una reunión en la que acordaron dimitir en masa, como creo también hicieron otros socios en Madrid.

   Denunciamos el despido de Hoticiano ante el WWF internacional (organización cuya rama española es Adena), y también debió llegar al ICBP (Consejo Internacional para la Preservación de las Aves, actual BirdLife). Además, lo publicamos en la Prensa nacional. De hecho, hicimos lo que pudimos, porque el despido de Hoticiano significaba, en la práctica, el final del Refugio. Recuerdo que Damián Arguch me escribió: «Sé cómo debes sentirte, pero creo que aún no se ha perdido todo, el fin del Refugio no ocurrirá así como así mientras quede gente enamorada de él.» Y tuvo razón.